Quiza por eso ¡oh desdichados! siempre

cargasteis con semillas de desgracia

tu, pobre doña Ines, martir de amores,

tu, Camoens, de la envidia envenenada.

En la dura existencia de los genios

se equilibran las glorias y las lagrimas

La que cantastes en peregrinos versos

murio a manos de manos sin entrañas...

      ROSALIA  DE  CASTRO