Nadie llama a mi puerta. Nadie viene a golpearme.

            A maldecirme. A quererme. A llorar en mi mano.

            Nadie se ruboriza si blasfemo. Si reniego de Dios.

            Y ya sin nombre me vuelvo hacia la puerta.

            De par en par bloqueada en su mutismo.

            Nadie comparte mi destino de anden. De guardavia.

            De guijarro olvidado. De brizna confundida.

            Nadie se compromete con mi estado de sitio.

            Afuera hay una luz. Una ventana abierta.

            Mi puerta. Su mudez. Su fiereza de hierro.

            Es mi designio. Asusta este silencio

            del que nadie me salva.

            La proxima estacion. Tambien era mentira...

                          * CENTAURA *